Pueden presentarse innumerables situaciones ante las que se podría pensar que se requiere una auditoría. Sin embargo algunos asuntos luego de ser evaluados se convierten en prioridad y ante ellos es indiscutible tener que realizar una auditoría técnica.

Por ejemplo si se observan instalaciones de fábricas, instalaciones y plantas industriales, refinerías, etc. con cierta degradación y envejecimiento que debido al paso del tiempo resulta algo lógico y evidente, los responsables de estas empresas pueden pensar en realizar una auditoría técnica con el fin de mejorar los resultados de producción.

Resulta muy benéfico que incluso los mismos técnicos que trabajan diariamente en la planta hagan parte del equipo auditor, en el que también se puede incluir al encargado de mantenimiento. De seguro con este equipo de trabajo será mucho más fácil y rápido detectar los puntos débiles de la planta, de los procesos y lo que se encuentre en mal estado o en mal funcionamiento.

La ventaja es que al ser los mismos trabajadores quienes detectan las falencias, se pueden evitar pruebas u otras actividades de comprobación, pues el problema ya ha sido detectado día tras día.

Sin embargo si los directivos de la organización no consideran imparcial la evaluación de sus mismos trabajadores, pueden mejor recurrir a empresas externas especializadas. En ocasiones el trabajar a diario con una misma máquina o el hacer un mismo proceso hace que la labor se vuelva rutinaria y la persona se acostumbre a trabajar con los mismos problemas. Para estas situaciones lo mejor es un auditor técnico externo imparcial.

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